—, “Stéfano Pérez Tonella: filosóficamente”, «Pisco Mistral», Santiago de Chile, 01 ottobre 2013.1


Abstract

The interview explores the intersection of literature, theater, and visual representation, emphasizing how inspiration emerges from the interplay between memory, metaphor, and artistic transformation. The fluid boundaries between reality and imagination are taken into consideration, drawing insights from authors like Ursula K. Le Guin, Adolfo Bioy Casares, and Alejo Carpentier, among others. Through a deeply introspective approach, the text highlights the role of art as a bridge between perception and creation, where photography, writing, and theatrical expression become tools for structuring meaning. Ultimately, the piece underscores the artist’s role as a mediator between the tangible and the ineffable, shaping fragmented realities into coherent narratives.


Elige tres palabras que definan tu trabajo.

Sombra. Fragmento, Máscara.

¿De dónde obtienes inspiración?

Mi fuente principal proviene sin embargo de la literatura y del teatro. Puedo afirmar que la lectura, mucho más que el mundo visual sea una constante en mi vida. La memoria a veces me traiciona, no recuerdo ciertos pasajes que resultarían determinantes para enfocar ciertos elementos (objetos, lugares, personajes…). Es importante cultivar la memoria y las conexiones metafóricas porque, cuando se escribe o se fotografía, siempre se enfoca una idea, jamás un sujeto.

Con el tiempo, he podido constatar que ciertos elementos metafóricos terminan por coincidir con el entorno físico de cada cual. Yo, por ejemplo, los descubro en la calle, en gestos, en situaciones cotidianas.

Por supuesto, esas inclinaciones rara vez se transforman en una idea clara y, a partir de ahí, en relatos, ya sean textuales o visuales. Es decir, en lo que comúnmente llamamos proyecto o inspiración: el punto de encuentro entre los datos que nos impone la realidad y las posibilidades que nos ofrece la poíesis (ποίησις) para convertir ese impulso imprevisible en algo aún inexplorado.

Solo al final de ese proceso, en el mejor de los casos, ocurre una transfiguración: lo que en un inicio parecía una experiencia meramente física se convierte en aísthesis (αἴσθησις), en una experiencia estética.

Tal vez deberíamos reflexionar sobre la dificultad de hacer coincidir estas dos experiencias, sin preocuparnos por si el resultado final sea una obra de arte o un objeto de artesanía, con una diferencia: la artesanía requiere técnica, talento y gusto, mientras que el arte debe imaginarse a sí mismo como un puente entre lo dado y lo imaginado.

Es probable que este fenómeno, que reconozco en mí debido a mi carácter obsesivo y a mi extrema introspección, sea más bien parte del proceso de crecimiento y maduración de cualquier individuo.

A medida que envejecemos, nos familiarizamos con nuestras propias metáforas: transitamos por los mismos cruces, comprendemos que la existencia se despliega como una autopista en forma de espiral, y cada vuelta nos devuelve a lo conocido desde una nueva perspectiva.

Lo que en un principio nos parecía una nebulosa repleta de símbolos dispersos va tomando la forma de una estructura de significados, un andamiaje, un tejido simbólico con el que podemos articular discursos, contar historias: construir mundos. Desde ese punto de vista, encuentro especialmente iluminadores los mundos de Ursula K. Le Guin. La ciencia ficción no es mi género favorito, pero dentro de ese panorama literario su labor se asemeja a la de una arquitecta, una creadora de mundos. The Left Hand of Darkness resulta ser uno de los libros más interesantes que un autor visual pueda leer para ensanchar su idea sobre lo visual, aunque por supuesto no esté pensado desde lo visual.

De una forma muy distinta, pero igualmente fascinante, La aventura de un fotógrafo en La Plata, de Adolfo Bioy Casares, también examina la construcción de universos metafóricos a través de la imagen. Cuando enfoco la relación con la realidad desde estos puntos de vista, que son más bien literarios, ya no me resultan tan evidentes las fronteras que separan lo real de lo imaginado. Puede incluso que sea una categoría típicamente latinoamericana: Alejo Carpentier, en el prólogo de su novela El reino de este mundo, desarrolla la idea de real maravilloso: una manera de ver el mundo en la que lo extraordinario forma parte de la realidad misma, sin necesidad de introducir elementos mágicos externos.

Cobra sentido, de esta forma, la idea que en la existencia humana jamás se produzca una verdadera separación tajante entre realismo y surrealismo: son términos que usamos para convertir a la realidad que nos rodea en una gran enciclopedia de objetos que podemos catalogar y colocar en su sitio. Pero son a la vez conceptos fluidos, que se entrelazan, deslizan y nos permiten crear nuevos puentes, nuevas hibridaciones.

El título de su revista, al inspirarse en un licor, me parece especialmente pertinente para este tipo de reflexión. Por un lado nos encontramos con una realidad concreta: sobria, fría, silenciosa; por el otro, con un espacio donde las ideas salpican y emergen como las gotas de una lluvia infinita. Ese tipo de experiencia puede ser muy lacerante y desgarradora para el individuo. Es ahí donde el arte se nos plantea como necesidad y nos socorre con sus herramientas: en la construcción estética de un equilibrio necesario, evitando que nos convirtamos, por un lado, en meros autómatas o, por el otro, en mentes errantes, extraviadas en el caos de la imaginación.

La manera en que un autor representa atmósferas que trascienden la realidad misma es comparable a la de un atleta. Como decía Antonin Artaud: «el actor es un atleta del corazón». No inventamos nada, y mucho menos nuestro arte. En mi trayectoria, el descubrimiento del teatro de la crueldad en todas sus expresiones y niveles metafóricos marcó un punto de inflexión inolvidable, permitiéndome explayar mis ideas sobre la potencia transformadora de la representación.

No obstante, sería ingenuo pensar que la inspiración artística surja de manera automática a través de la mera lectura de un libro o la simple y atenta observación del mundo que nos rodea. Su origen es mucho más complejo y está intrínsecamente ligado a nuestro camino biográfico. Hay momentos en los que nuestra percepción se agudiza y comenzamos a notar detalles que antes pasaban desapercibidos.

Sin embargo, esa energía creativa necesita transformarse para subsistir. De lo contrario, carecería de vida, lo cual no significa que también carecería de forma, pero sí, quizás, de significado. En este proceso, el artista asume el papel de mediador y catalizador. Se convierte, por así decirlo, en el artífice de su propia metamorfosis, ya sea en un ser elegido o en el insecto monstruoso de Kafka. O en naide, que, a través del vesre2 de Atahualpa Yupanqui sigue siendo la posibilidad más probable. Y está bien así, porque el arte es, en definitiva, un juego, que tal vez nos invita, o nos obliga, a jugar, y nosotros no somos quienes establecen las reglas.

Qué herramienta de trabajo odiarías perder?

Pertenezco a una generación que se formó en la fotografía química —o, más precisamente, alquímica—, pero con el tiempo mi trayectoria profesional se ha volcado hacia lo digital. Conservo, en Italia, una vieja Canon Pellix, junto a mi AE-1. Recientemente conseguí un par de lomos3.

Aunque nunca me haya sentido del todo cómodo con los procesos creativos químicos, en última instancia, las herramientas que más odiaría perder no son las cámaras que ya tengo, sino la oportunidad de descubrir y experimentar. Es más: estoy muy encariñado con una vieja Brownie que perteneció a mi abuelo. Ya el visor está ofuscado, todo se ve borroso, de modo que al encuadrar solo percibes sombras indistinguibles. En definitiva, acabas tomando fotos al azar: fotografías lo invisible para dar forma a lo visible.

¿Cuál es el objeto favorito de tu casa?

Los libros, sin lugar a dudas, son el objeto más preciado de mi hogar. Incluso aquellos que no llego a leer. Hay tres novelas que durante años me han acompañado y que, en cierto modo, siguen persiguiéndome: El acoso, de Alejo Carpentier, Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi, Diario del ladrón, de Jean Genet.

En cierta medida, tener a un libro que te persigue es como poseer una cámara fotográfica que, quizá, no vuelvas a usar. Sabes que tiene que estar ahí: porque siempre es posible que algún día ambos coincidáis en el mismo espacio simbólico.

Algo me sugiere, por ejemplo, que esta noche podría ser un buen momento para leer El acoso; tal vez no lo haré: la materia humana no está hecha de carne, sino de contradicciones. Lo cual me devuelve a tu primera pregunta, sobre las tres palabras que definen mi trabajo. Reitero las que ya mencioné al principio: sombra, fragmento y máscara. Porque, en última instancia, dibujan el mapa de una utopía: que, en este caso, define mis propias contradicciones.


Galleria immagini


«Si desea ver lo invisible, observe cuidadosamente lo visible» – Talmud

Bibliografia

Ho scelto, quando possibile, di includere in bibliografia almeno un’edizione italiana o in altra lingua dei titoli menzionati.

  • Banville John, Lemagny Jean-Claude, Fuentes Carlos, Manuel Álvarez Bravo, prefazione di Colette Álvarez Rubajitel, con 374 fotografías tritono, Barcelona, Lunwerg editores, 2008; Id., Manuel Álvarez Bravo: Photopoetry, London, Thames & Hudson Ltd., 2008.
  • Bioy Casares Adolfo, La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985), Buenos Aires, Emecé, 2004; Id., L’avventura di un fotografo a La Plata, trad. it. di Francesa Lazzarato, Roma, SUR, 2021.
  • Carpentier Alejo, Guerra del tiempo, El acoso y otros relatos, Madrid, Siglo XXI Ediciones, 2002;
  • Carpentier Alejo, El reino de este mundo (1949); Id., Il regno di questo mondo, trad. it. di Angelo Morino, Torino, Einaudi, 1983.
  • Gelman Juan, Interrupciones II, Barcelona/Buenos Aires, Seix Barral, 2006; Id., com/posizioni, con un testo introduttivo di Julio Cortázar “Contro le ragnatele dell’abitudine”, trad. it e curatela di Laura Branchini, con testo a fronte, Varese, Asinelli Editori, 2022; anche in: Juan Gelman, Interruzioni II, trad. e curatela di Laura Branchini, Varese, Asinelli Editori, 2023.
  • Genet Jean, Diario del ladrón, Barcelona, RBA, 2010; Genet Jean, Diario del ladro, pref. di Walter Siti, trad. it. di Giorgio Caproni, Milano, Il Saggiatore, 2017.
  • Kafka Franz, La metamorfosis y otros cuentos, Losada, Buenos Aires, 2010; Id., La metamorfosi (1912), introd. di Luigi Forte, trad. it. di Enrico Ganni, Torino, Einaudi, 2014.
  • Le Guin, Ursula K., The Left Hand of Darkness (1969), New York, Harper & Row, 1980; Id., La mano sinistra del buio, postfazione di Nicoletta Valorani, trad. it. Chiara Reali, Milano, Mondadori,
  • Nafisi Azar, Leer Lolita en Teherán, Barcelona, El Aleph, 2003.
  • Pazienza Francesco, Metamorfosi della relazione padre-figlio. Una traversata immaginativa tra le figure dell’irrequietezza giovanile, Milano, Ipoc, 2014.

Note

  1. In questa pagina pubblico alcuni stralci del testo originale, pubblicato nel 2013 sulla rivista cilena «Pisco Mistral», per anni diffusa nella duplice veste cartacea e online. Della seconda, oggi (2025) non rimane traccia; della prima non è dato sapere.
    Il tono delle domande e le risposte che, con certa lucidità, diedi all’epoca, potrei in buona misura sottoscriverle ancora oggi, con un paio di precisazioni:

    – Il concetto di percorso biografico come «spirale» mi era allora sconosciuto: fu un amico psicologo, Francesco Pazienza, a chiarirmelo con grande lucidità diversi anni più tardi, nel corso di una splendida conversazione.

    – Anni dopo, scoprii anche che un passo del Talmud contiene un concetto sorprendentemente simile a quello a cui facevo riferimento quando parlavo di fotografare l’invisibile per dar forma al visibile. Ricordo che mi trovavo al Parque del Buen Retiro di Madrid, dopo una serie, incredibilmente vasta, di acquisti presso lo splendido mercato del libro della Cuesta de Moyano.
    Non resistetti al desiderio di fotografare quella pagina, la citazione che risuonava così forte in me, l’ombra, la curva pacata che definiva l’impassibile continuità della lettura. Ancora oggi è un’immagine che mi entusiasma e che considero parte di un dittico, del quale partecipa la foto dell’albero al quale mi trovavo appoggiato.

    Scattata molti anni dopo l’intervista, naturalmente non figurava nella galleria originale proposta a corredo del testo: mi fa piacere aggiungerla ora, accanto al suo albero protettore, nella piccola selezione di immagini che ripropongo (molte delle quali, invece, furono effettivamente proposte sullla rivista). ↩︎
  2. L’impiego di semplici varianti linguistiche può assumere connotazioni sociali e politiche. È il caso del poeta-cantore Atahualpa Yupanqui. Nella canzone Preguntitas sobre Dios, scrive: «que naide escupa sangre para que otro viva mejor» (che nessuno sputi sangue perché un altro viva meglio). Tutta la questione risiede in quel “nessuno”: l’uso del termine naide, forma popolare e arcaica di nadie – non fa riferimento a un lavoratore sfruttato: attraverso la parlata popolare rafforza un messaggio di denuncia: la letteratura orientata alla rivalutazione sociale, spesso etnica, dei naides, invisa ai regimi populisti, condusse Atahualpa all’esilio, Jorge Cafrune a una morte in circostanze misteriose. Non è un caso che il genere popolare della milonga campera assuma spesso connotazioni politiche. Per un approfondimento delle condizioni politico-sociali in America Latina, un testo tuttora fondamentale rimane l’analisi di Eduardo Galeano ne Las venas abiertas de América Latina (le vene aperte dell’America Latina), pubblicato per la prima volta nel 1971. ↩︎
  3. Cámaras analógicas en las que la baja calidad no se considera un límite, sino una característica, un medio de expresión ↩︎